En la isla de Ometepe… El baile del zompopo


Cuenta la leyenda que una vez en la isla de Ometepe hubo una plaga de zompopos. Los altagracianos, devotos de San Diego, sacaron al Santo en procesión.
La gente iba bailándole con una ramita y pidiéndole que los ayudara…
Y la plaga término.

Así, dicen, comenzó la devoción por el Santo, y el baile que se repite todos los años cada 16 y 17 de noviembre: El baile de los zompopos todos los años para San Diego, Aquello se cunde de gente. Llegan los avioncitos, los tauretes, los caballitos… y el montón de chinamos, de venta, de fritangas y de cantinas alrededor de la barrera.

Pero la fiesta no sería nada sin el tambor de don Tino Angulo y si la gracia de don Ricardo Barrios Urtecho, al que todo el mundo conoce en la isla como Richard Nixon.

Su pegue de todos los días es campista o sabanero pero si hay fiesta en algún lado de la isla ahí se le encuentra.

Animador, organizador de fiestas y comentarista de toros; a todo lo que es fiesta le hace. Richard Nixon cuenta: “Una vez me sale una viejita y me llama: ¡Ricardo, Ricardo! ¿Cuándo vos te murás, quién va a hacer esta fiesta? Doña va a ver otro… ¡Que va a ser! ¡Irán a sacarte de la sepultura para hacer la fiesta! Y es que don Ricardo es cosa seria: “Yo grito, berreo, chiflo: ¡Uuupa…! ¡ Uuua…! Así es mi modo… Pero no tomo.

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Tal vez hecho un trago o tal vez 2 para hacer amigos, pero hasta ahí.
A veces ando desvelado como ahora, con las grandes ojeras. A pura mentalidad soy también coplero, ahí les van algunas, p`a que no se me amurriñen:

En el patio de mi casa sembré una mata de sandilla solo por aquellos enamórados que anda con la bolsa vasía. Al santo patrón del pueblo, San Dieguito de Alcala, yo le pido de corazón que nos deje la paz.

En la isla de ometepe
Don Tino:
80 años de tambor y de fiestas

Otro personaje especial es don Tino Angulo. Como el dice: “Soy isleño legitimo. Cuando era chavalo mis padres me mandaron 3 años a estudiar a granada, pero no pude acostumbrarme a vivir fuera de la isla.

Aquí e vivido toda la vida”. Dos meses antes de que llegue la fiesta don Tino ya anda ensayando con su tambor por todo el pueblo, don tino carga su tambor desde que era más grande que el, ahora ya tiene 86 años y su música nunca a faltado en las fiesta.

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Pero si usted va a su casa cualquier día y le pide una piececita, o hay que rogarle mucho: llama a dos vecinos, para que se traigan los bombos, saca el papel donde lleva apuntados los nombres de los ritmos,
“p`a que no se le olvide ninguno”, y empieza la tocadera: “Ahora vamos a tocar el pasillo, ahora el zanate, ahora zopilote…!A golpe de tambor y bombo van desfilando todos los animales! ¡Pareciera que la casa se va a caer mientras don tino, muy serio, concentrado en el sonido y el ritmo, se va entusiasmando cada vez más! Al rato el ruido es ensordecedor, la música te resuena en la panza y Don Tino… pone la misma cara de felicidad que cuando era chavalo y cargaba un tambor más grande que él. ¡Quién sabe que recuerdos pasan por su cabeza, después de ochenta años de tambor y de fiestas!

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