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domingo, 22 de septiembre de 2013

Tierra de artesanos del barro y del quesillo


Dicen que ir a Granada y no saborear su vigorón es como nunca haber estado en esa ciudad colonial. Lo mismo sucede con las personas que pasan por La Paz Centro y no prueban su quesillo, “es como que nunca estuvieron en La Paz Centro”. Al menos eso es lo que piensan los paceños cuando presumen de los atractivos culinarios que tiene esta ciudad leonesa.

La Paz Centro, que nació a pocos kilómetros del majestuoso volcán Momotombo, el mismo que con sus temblores y erupciones hizo salir huyendo a los habitantes del lugar, en 1610, no solo es un antiguo pueblo a la orilla de la carretera que sabe hacer los famosos quesillos, sino que ahora es una ciudad que se abre al turismo con una amplia oferta de productos que atraen la atención del visitante nacional y extranjero.

Ubicada en el kilómetros 56 de carretera nueva a León, esta ciudad tiene de todo un poco: historia, imponentes volcanes, milenaria artesanía, arte culinario, lagunas encantadas y costas casi vírgenes frente a las aguas dulces de un lago, y a las saladas del océano Pacífico.

El mayor atractivo histórico de La Paz Centro son las ruinas de la primera capital de Nicaragua, León Viejo, levantada a la orilla del lago Xolotlán, frente al volcán Momotombo. Esta ciudad fue abandonada por las amenazas de erupción del coloso de fuego en 1610, año en que las autoridades decidieron trasladar la capital a su actual asiento. En medio de ese éxodo, muchos pobladores decidieron quedarse a poca distancia de la ciudad abandonada, y así fundaron lo que hoy se conoce como la “Ciudad del Quesillo”.


Herencia de barro


Desde la época colonial, los descendientes de los primeros capitalinos de Nicaragua han elaborado sus propios utensilios de uso doméstico a base de barro, es por eso que esta ciudad también es conocida como cuna de laboriosos alfareros.

Representativos de esa herencia de barro son los hermanos Elías y Ramiro Guzmán, miembros de la cuarta generación de artesanos de su familia. Ellos todavía guardan la muñeca de barro con la que su mamá, Amanda Guzmán, innovó la artesanía en La Paz Centro, y pasó de solo hacer las tradicionales ollas, comales y tinajas, a elaborar creativas piezas, como ángeles, animales y otros productos decorativos que pronto tuvieron gran demanda.

Elías cuenta que su línea de trabajo son los ángeles, muñecas, fachadas, adornos de pared, casitas, alcancías, y todo tipo de adornos decorativos, hechos todos a mano y en barro local. “Tratamos de crear nuevos productos para ir innovando, creando una línea que no compita con nadie para poder vender”, asegura Guzmán.

A pesar del prestigio que tiene la artesanía de La Paz Centro, Elías lamenta que muchos artesanos han abandonado el oficio y se han marchado a otros países a buscar mejores horizontes, trabajan en lo que pueden o simplemente se encuentran desempleados porque no hay estímulo al trabajo artesanal, y no siente el apoyo del Estado para desarrollar el turismo en el municipio, tal como lo hace con Granada, Catarina, Masaya y otros.

“Aquí tenemos mucho potencial turístico, somos artesanos del barro, la tierra del quesillo, contamos con los volcanes Las Pilas, el Hoyo, el Momotombo, la laguna de Asososca, el lago Xolotlán, las Ruinas de León Viejo y las Salinas, pero, sobre todo, que somos un pueblo muy trabajador”, expresó Elías.

Su hermano Ramiro también se siente orgulloso del oficio que heredó de su mamá, y a pesar de las dificultades, dice: “Esto es cuestión de enamorarse del trabajo que uno hace, porque la satisfacción de nosotros es que el público diga: ‘¡Qué bonito es esto… y es de barro!’.

En el taller de Ramiro siempre hay piezas elaboradas y en proceso: iglesias, elefantes, tortugas alcancías, jarrones, fachadas de casas coloniales y las infaltables muñecas y ángeles de mesa y de pared. Aquí una alcancía de cerdito vale entre C$80 y C$100, los floreros entre C$50 y C$100, y un set de tres jarrones de 30 pulgadas entre C$800 y C$1,000.

En muchas casas de este pueblo aún se puede ver en los patios de las casas los hornos y los tornos donde trabajan hombres y mujeres amasando el barro y dándole forma a nuevas creaciones para mantener el interés de los clientes.

Ignacia Valle Zamora tiene 40 años de trabajar el barro, elaborando piezas de uso doméstico, como ollas, tinajas para fuentes de agua, macetas, comales y ollas para cocer frijoles, entre otros.

“Yo aprendí desde chavala viendo a mi abuela y a mi mamá hacer las ollas y comales, después me puse sola, y ya me volé 40 años trabajando el barro”, dice con sencillez Valle Zamora.

En un cuarto que tiene una amplia ventana hacia el patio, Ignacia suda la “gota gorda” amasando grandes cantidades de tierra preparada con una porción de barro chicloso, la mezcla ideal para hacer todo tipo de utensilios utilitarios.

Ignacia cuenta que en una ocasión llegó a su casa José Antonio Alvarado, quien fue ministro durante el gobierno de Arnoldo Alemán (1997-2002), y le solicitó unos barriles de barro.

“Ese hombre es altote, vino aquí y me dice: ‘Morena, quiero que me hagás unos tinajones de mi tamaño’. Yo nunca había hecho algo así de grande, entonces le digo: ‘Bueno’. Y agarré una vara, me subí a una silla y lo medí. Le puse una rayita y le dije: ‘¿Cuántos quiere?’. ‘Si te quedan buenos, quiero siete’, me dice. Cuando se fue, los empecé a hacer, y en 15 días ya los tenía listos. Me costó bastante hacerlos porque eran unos jarrones grandísimos y pesados, que teníamos que meterlos al horno --de esos pelados para quemar ladrillo-- con ayuda de cinco hombres”.

Doña Ignacia cuenta que cuando Alvarado llegó a traer los jarrones, su hermana le preguntó cuánto le iba a pedir por cada jarrón, y ella le dijo: “Yo no sé vos, le voy a pedir 300 pesos por cada uno”, pero después reflexionó y se dijo: “Esto cuesta bastante la hecha, la leña, el ayudante que hace la mezcla... ¡Noooo, no le voy a pedir ese precio, que me dé lo que sea su voluntad!, voy a tantearle su voluntad”.

--Morena, ¿y cuánto te debo por los jarrones?, le preguntó Alvarado.
--Deme lo que sea su voluntad, contestó Ignacia.
--Te voy a pagar C$3,000 por cada uno, y haceme cuatro más”, le dijo Alvarado y ella feliz se los hizo.



Quesillo, el rostro de La Paz Centro

A lo largo de la carretera que bordea La Paz Centro, existen más de diez puestos de venta de quesillos, el tradicional plato nicaragüense, que consiste en una trenza de queso melcochoso envuelto en una tortilla caliente con cebolla picada y crema fresca, acompañado con una jícara de tiste o de cacao.

Olivia Delgado, propietaria de Quesillos El Güiligüiste, con 35 años de elaborar este aperitivo, dice que el quesillo es una delicia que hace que la gente reglamentariamente se detenga a comer quesillos en esta ciudad, y muchos son fieles clientes de ella.

Aunque a ella no le gusta decirlo, lo cierto es que El Güiligüiste es uno de los más visitados por turistas nacionales y extranjeros. El secreto de su negocio está en una frase que repite: “Mantener la calidad y atender bien al cliente”.

Doña Olivia cuenta que se siente feliz cuando escucha los comentarios que hacen los visitantes que llegan de todo el país, y contó que en una ocasión llegó una familia en dos vehículos, y al bajarse una señora dijo: “¡Buenas, venimos de Masaya a comer quesillos!”.

“Entonces me pongo a reír y le digo: ‘¿Cómo va a ser posible habiendo tantos quesillos en la carretera de Masaya a Managua?’”.

“Pero no es igual”, me dijo. “Y bueno, que lo diga la gente, no yo”, dice sonriendo Delgado.

Doña Olivia cuenta que cuando empezó su negocio, los quesillos sencillos valían C$1.25 y los dobles C$2.50, pero aclara que en esa época el galón de leche lo compraba a C$3.00

Julio Pozo, de Jalapa, Nueva Segovia, dijo que este quesillo es muy bueno. “Siempre que vengo del Norte paso comiendo mi quesillito en este lugar. ¡Es delicioso!”, asegura.

Esmeralda Somarriba, de Managua, opina: “Cada vez que paso para León, paso comiendo mi quesillo en este lugar, eso, ¡uhhhh...!, desde hace como 30 años”.

Los precios de los quesillos son: sencillo C$27, doble C$37. El fresco de tiste, de semilla de jícaro o de cacao vale C$15 el vaso.


Tierra de lagos, volcanes y lagunas



Los pobladores de La Paz Centro también se sienten orgullosos de contar en su municipio con bellezas naturales de envidiable belleza, como el volcán Momotombo junto al lago Xolotlán, el cerro Momotombito, dentro del lago, frente al poblado de León Viejo, los volcanes las Pilas, el Hoyo y la paradisíaca laguna El Tigre, también conocida como Asososca, en las cercanías de la que fue la primera capital de Nicaragua, y a pocos kilómetros de la “Ciudad del Quesillo y la Cerámica”, La Paz Centro.


Cómo Llegar:

De la Universidad Centroamericana (UCA) salen los microbuses que viajan a León. Puede bajarse en el kilómetro 56. Del Mercado “Israel Lewites” salen buses directos a La Paz Centro.

El Nuevo Diario / Ovalenzuela@gmail.com.ni

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