105 años de deliciosas cajetas

La Casa de las Cajetas fue fundada en 1908 y hoy continúa endulzando el paladar de sus visitantes

(END) -El municipio de Diriomo es muy conocido por ser la cuna de los brujos o curanderos, pero este pequeño pueblo del departamento de Granada es también la cuna de La Casa de las Cajetas. Aquí se conservan 105 años de historia, desde que, al quedar huérfana de madre, la niña Elisa López Salinas, de 9 años de edad, sorprendió a la tía que la cuidaba diciéndole que quería hacer y vender cajetas.

Empezó haciendo el producto a base de naranjas, lo envolvía en hojas de sereno y ella misma salía a venderlo a las calles, relata su nieta, Adela Aráuz Palacios. “Ella tomó la iniciativa, era una niña decidida. Molía la naranja en una piedra hasta dejar la masa bien fina y luego la envolvía. Supongo que alguien la guiaba, pero ella fue la fundadora”.

Con el paso del tiempo y el apoyo de su tía fue ampliando los sabores. Apareció la deliciosa cajeta de leche y cacao, luego otros sabores como la toronja, zapoyol, batata, manjar de leche y las mermeladas de maracuyá, mango, tamarindo y Jamaica, muy demandados por nicaragüenses y extranjeros.

Muchos turistas llegan a Diriomo únicamente para disfrutar del sabor de estas cajetas y llevarlas a sus países de origen, expresa doña Adela, quien se muestra contenta con la acogida que ha tenido esta empresa familiar.




A la muerte de su fundadora, el negocio pasó a manos de su hija, Socorro Palacios, de su esposo Augusto Aráuz y de los siete hijos que procrearon juntos, uno de ellos es doña Adela. Durante varias décadas doña Coco se encargó de continuar el legado de su madre hasta que –por su avanzada edad– tuvo que retirarse del trajín.

Doña Adela, que ahora está a cargo de la cocina, dice que su madre, con 85 años de edad, tiene dificultades para caminar por causa de la artritis, “pero en general ella está bien”.

Otros productos

La Casa de las Cajetas no se limita a estos dulces, también produce unos riquísimos pancitos picantes con mantequilla, rosquillas y viejitas “Ideales para toda ocasión”, como dice su eslogan. Aunque no se compara con la demanda de las cajetas, estos últimos han tenido gran aceptación entre los clientes.

Atendiendo medidas de higiene, las cajetas vienen empacadas en bolsas de celofán y luego en una pequeña caja de cartón de color anaranjado que las distingue de la competencia. “Si no va empacada en esta caja anaranjada con estas figuras, entonces no es de La Casa de las Cajetas. Esto es lo que nos representa”, dice.

Pero, después de las hojas de sereno y antes del celofán, las cajetas venían en papel de envolver, tiempo después cambiaron a papel espelmado y posteriormente a plástico, hasta que dieron el salto al día de hoy. La pequeña empresa ha procurado un producto de calidad y por eso cuenta con un registro sanitario otorgado por el Ministerio de Salud, un código de barras para mayor control y sus respectivas fechas de vencimiento.

La familia procura, además, elaborar la cantidad necesaria de productos a comercializar para evitar la acumulación. “Aquí trabajamos todos los días de la semana, a veces poco, porque no queremos tener productos viejos, trabajamos lo necesario para que el producto llegue fresco al consumidor”.

Reconocimientos

Estos esfuerzos le han hecho merecedor de reconocimientos a nivel nacional e internacional. Uno de ellos fue otorgado en 2006 por la Dirección General de Regulación de Establecimientos y Profesionales de la Salud, Medicinas y Alimentos, del Ministerio de Salud, por las buenas prácticas de manufactura.

Conserva también distinciones de participación en congresos alimenticios y ferias nacionales, entre ellos el Primer Congreso Nacional de Alimentación y la Primera Feria Nacional del Maíz.

En febrero del 2008, cuando celebraban el primer centenario de La Casa de las Cajetas, la familia se llevó una agradable sorpresa cuando les informaron que había resultado ganadora del premio Starfor Leadership in Quality (Estrella de Liderazgo en Calidad) en la Categoría Oro.

En esa ocasión, muy contenta con la noticia, doña Socorro manifestó a El Nuevo Diario que dicho premio se le entregaba a empresas u organizaciones procedentes de diferentes países del mundo que implementan la cultura de la calidad. Para hacerse merecedoras del premio, estas empresas deben tener una clientela altamente satisfecha.

El galardón estaba previsto a entregarse en abril de ese mismo año durante una cena de gala en los Salones Concorde, en París, Francia, pero no ocurrió así porque ningún miembro de la familia pudo asistir.

Para lograr estos satisfactorios resultados, en el negocio laboran nueve personas que se han integrado como parte de la familia, aunque no comparten los lazos sanguíneos, entre ellas las señoras que menean la mezcla, la que empaca y el horneador. “Casi son parte de nuestra familia porque tienen años de trabajar con nosotros”.

Temporadas altas y bajas

Doña Adela señala que aunque hay épocas en que las ventas permanecen “frías”, “no deja de venderse algo”. Una de las temporadas de mayor movimiento es –indudablemente– el mes de diciembre cuando los nicaragüenses buscan preparar su “gorra” o brindis para las celebraciones de la Purísima con riquísimos dulces.

Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Candelaria que se celebran en febrero, también “mueven” las ventas. “En Semana Santa y agosto que se celebran fiestas patronales en varios departamentos también nos va bien, no nos quejamos”.

La señora afirma que los diriomeños son quienes menos consumen el producto, a diferencia de extranjeros y de nicas que habitan en otros departamentos de nuestro país. “No es un producto de primera necesidad para los diriomeños, quizás algunos tienen familiares en el extranjero y compran para enviarles”.

“Muy rica”

El periodista Mario Chacón conoció hace varias décadas a doña Socorro y a su difunto esposo, con quienes entabló una sincera amistad. “Recuerdo que don Augusto y doña Coco eran muy especiales; salían a las calles a preguntarle a la gente qué le parecía el sabor de las cajetas, escuchaban a las personas y creo que de ahí vino el éxito”.

En la década de los 60, relata Chacón, hubo una importante feria en la ciudad de Granada, a la que asistieron empresarios y personalidades nicaragüenses y extranjeras. “En esa ocasión vino el cónsul de Israel acompañado de otros diplomáticos de su país y probaron las cajetas, quedaron encantados por el sabor, dijeron que eran deliciosas, la única recomendación que hicieron a don Augusto es que buscara una envoltura y un logotipo para que terminara de cautivar al público”.

Animado con esta experiencia y con una visión de futuro, don Augusto se interesó en buscar un empaque adecuado “según Chacón– y fue así como apareció una primera caja. “Ellos crearon un estilo y gusto único. El producto era para chuparse los dedos y Diriomo adquirió un ribete espectacular. Se convirtió en la capital de las cajetas en Nicaragua. Sigue siendo un referente”, enfatizó.

Sin exportar

Hace varios años La Casa de las Cajetas, de Diriomo, estuvo exportando a El Salvador, pero debido al alto costo de los envíos por la vía aérea, la familia desistió. “Por barco no era posible porque era muy tardado y el producto podía descomponerse, recordemos que lleva leche, y por avión resultaba muy caro”, manifestó doña Adela Aráuz.

“Una hermana nuestra estuvo llevando para vender en San Francisco, California, pero vendió el negocio y ya no continuamos”.

Contacto

Quienes quieran disfrutar del riquísimo sabor de estas cajetas diriomeñas, pueden dirigirse frente al Parque Central, llamar al número de teléfono 2557-0015 o bien escribir al correo electrónico cajeta@datatex.com.ni

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