Río San Juan, uno de los mejores lugares para esa épica batalla, pesca del sábalo real


El sedal se desliza fuerte y decididamente hasta lograr que la caña se deforme en una leve curvatura. En el agua el pez mordió el anzuelo pero no está dispuesto a dejarse atrapar sin dar la lucha, de allí que la curvatura parece a momentos que terminará por romper la caña. Al percatarse, los cuatro hombres a bordo de la lancha se desprenden de las horas de pasividad y espera, y con ello empieza la épica de la determinación humana y el frenético instinto de escape del pez que se ha visto cogido.

El pez es un sábalo real de 150 libras de peso y los cuatro hombres son costarricenses que cruzaron la frontera para participar en la 54 edición del Torneo Internacional de Pesca del Río San Juan, realizado los días 13 y 14 de septiembre en el paradisíaco sureste de Nicaragua.
La batalla de estos hombres es la misma de más de 130 venidos de diferentes partes de Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Guatemala y Estados Unidos, que con sus cañas de pescar ponen en práctica las destrezas aprendidas en los ríos, lagos y mares de sus propios países, pero que en Nicaragua tienen que pasar una de las pruebas más exigentes con el sábalo real, una especie cuyos ejemplares pueden llegar a medir dos metros y medio de longitud.
La fiereza contra la determinación
Este torneo se desarrolla entre el Archipiélago de Solentiname, en las aguas del Lago Cocibolca, y El Castillo, en el Río San Juan, y además del sábalo real, se pescan el róbalo, el lagunero y otras especies de interés para quienes ven en la pesca uno de los deleites más placenteros, tanto por el desafío que representa la bravura de las presas como por la quietud en que debe ser practicado este deporte.
Esa quietud sólo es interrumpida por el tirón del pez al quererse liberar del anzuelo, tal como sucede con los cuatro costarricenses que en el sector de Boca de Sábalos tratan de doblegar la determinación del majestuoso ejemplar, que en determinados momentos provoca que la pequeña lancha se mueva en círculos.
Mientras estos hombres luchan, igual les sucede a otros concursantes a todo lo largo del área del torneo, a algunos con ejemplares tan grandes como este sábalo, a otros con el róbalo, una de las especies más aguerridas que se conocen en la pesca deportiva.
Fue precisamente un róbalo el que le hizo sudar grueso por buen rato a Rodolfo Roulet, de la Asociación Guatemalteca de Pesca Deportiva. Roulet toma el pez y al ponerlo sobre la balanza esta muestra 8 libras de peso. Pareciera poco, pero en el reino animal la fiereza no va determinada por el tamaño.
“Este es un róbalo, pesa 8.5 libras. Ya está pesado con el juez, y esperamos seguir dándole duro y conseguir los sábalos reales. Ya tuvimos un pique a las 7:30 de la mañana, así que estamos esperando otro”, señala Roulet, quien tiene tres años de participar en el torneo.
Captura y liberación
A diferencia de las ediciones anteriores, en este el gobierno nicaragüense puso como norma la “Captura y Liberación”, ello con el objetivo de proteger al sábalo, una especie marina que remonta el Río San Juan y se adentra en el Cocibolca como hasta hace algunas décadas solía hacerlo también el arisco tiburón toro.
Así que cuando un participante atrapa un ejemplar lo reporta a los jueces, y luego esto es verificado mediante registros fotográficos y videos. Cada sábalo capturado y liberado equivale a 25 puntos, mientras que en las demás especies los puntos se acumulan mediante el peso, explica Emilio González, juez de pesca en Boca de Sábalos.
Michael White, es uno de los 12 estadounidenses que han venido con todo y sus aparejos a Nicaragua para participar en el torneo. Él asegura sentirse maravillado al navegar por un paraíso como el Río San Juan, el cual hechizó más de un siglo atrás a compatriotas suyos de la talla del diplomático Ephraim Squier o del genial escritor Mark Twain.

“Es buenísimo. Hay muy buena pesca aquí y lo mejor es la naturaleza y la gente de Nicaragua”, expresa White, sosteniendo en sus manos un pequeño ejemplar de róbalo, que si bien él sabe no le hará ganar el torneo, al menos sí es una muestra de su paciencia y disciplina de buen pescador.

Pesca conservacionista
Mientras en Boca de Sábalos un cocodrilo se pasea impasible por la orilla del río, y White muestra a los jueces las pruebas de su captura, llega al pequeño muelle la embarcación de los nicaragüenses Alfonso Janón, Donald Duarte y Guillermo Ugarte, oriundos de Juigalpa, Chontales. A bordo traen cañas, anzuelos y –lo más importante- un hermoso pez de 10 libras que deberá ser puesto en la balanza para verificar si hay reportes de capturas con mayor peso.
Para estos nicaragüenses aunque el róbalo, el lagunero y las demás especies son importantes, la captura del sábalo real sigue siendo lo más preciado. En sus manos traen el video de una jornada en la que un hermoso ejemplar les dio una pelea como solo en estas selváticas aguas es posible verlo.
“Solo lo filmamos y traemos la filmación para que identifiquen que fue una captura y liberación de acuerdo a las reglas del torneo”, afirma Alfonso Janón.
La Captura y Liberación de las especies se ha generalizado en la pesca deportiva alrededor del mundo, y los aficionados nicaragüenses a este deporte no quieren ir contra la corriente.
“Es una manera de preservar la especie, de no hacerle daño”, subraya Janón, para quien estas reglas deben trascender y aplicar a pescadores comerciales que desoyen los clamores de los medioambientalistas.
Un lugar de importancia turística
Hay que hacer hincapié en que el torneo de pesca tiene un fin turístico y conservacionista a la vez. Tras décadas de degradación ambiental en gran parte del resto del país, los nicaragüenses vieron en el Río San Juan –donde está la reserva de Biosfera Indio-Maíz- uno de sus últimos reductos de selva lluviosa que les quedaba prácticamente inalterable.
A partir de ese momento empezaron a hacerse más rigurosos en cuanto a la protección de la flora y la fauna, y a incorporar vía terrestre la ciudad de San Carlos, que ubicada en la esquina este del Cocibolca, marca el punto de inicio del Río San Juan, el que a su vez tras 200 kilómetros de pausado recorrido desemboca en el Mar Caribe, no sin antes dar vida al poblado de San Juan de Nicaragua, remembranza de aquel Greytown, puerta de entrada de piratas, viajeros, aventureros y comerciantes que vieron en este cuerpo de agua la mejor vía para unir el Pacífico y el Atlántico mucho antes que los Estados Unidos finalmente se decidieran a hacerlo a través del istmo de Panamá.
San Juan de Nicaragua, es el lugar más alejado del país, y ocupa un minúsculo hilo de selva a orillas del mar –solo lo protege una barra arenosa-. Por sus calles no transita ningún vehículo a motor y llegar hasta él es una de las aventuras más inolvidables, ya que salvo la vía aérea, solo se puede pisar esas agrestes tierras como se hacía hace más de un siglo: en una embarcación de pequeño calado, ello por supuesto tomando en cuenta que ahora los motores fuera de borda redujeron el viaje de una semana a apenas 6 ó 7 horas.
Por tanto, el Torneo Internacional de Pesca no ha hecho más que sumarse a esos atractivos que la naturaleza pinceló con sus propias manos y que los nicaragüenses quieren explotar sin alterar el equilibrio existente.
No siempre se gana a la naturaleza
Los osados que con caña y anzuelo se aventuran a pescar el sábalo más grande o el róbalo más bravo, están claros de ello, y saben muy bien que cuando se trata de ir contra la naturaleza no siempre se lleva las de ganar. Así lo experimentan los cuatro costarricenses que luchan por hacer efectiva la captura del sábalo de 150 libras cuando luego de una hora y veinte minutos de tira y encoge el sedal se reduce a poco menos de 50 centímetros. En ese momento los hombres echan mano al pez y tratan de subirlo a la embarcación, pero el reto es mucho, el pez vuelve al agua y quienes querían capturarlo terminan inexorablemente derrotados.
En defensa propia, Zinadine Rodríguez, el joven tico que estuvo al frente de la caña, asegura que el pez era muy grande y que por tanto terminó dando mucha pelea.
Haciendo consonancia con sus palabras, sus compañeros no hacen más que aclarar a quienes les miran interrogadores que sin duda “él sábalo es uno de los peces más difíciles de capturar”.
Con sus voces jadeantes y sus cuerpos sudorosos todos parecen un recuerdo de aquel envejecido Santiago que tras luchar contra un pez espada, primero, y tiburones, después, se echó a dormir y soñar. Pero al contrario del personaje de Hemingway, los pescadores que están en el Río San Juan toman aliento, acomodan sus cañas y anzuelos y los tiran al agua: hay muchos sábalos reales que aún pueden picar. E19D

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