El último refugio de los dioses de Zapatera

Como si se ingresase a una asamblea de dioses de la época precolombina, así se siente al entrar al amplio salón donde se encuentran reunidos 28 monumentales petroglifos de basalto, labrados hace más de 1,200 años por los chorotegas, provenientes de México, que vivieron en las riberas del Gran Lago de Nicaragua.

Las gruesas paredes del antiguo Convento de San Francisco, en Granada, fundado en 1529, es el destino final de este claustro de deidades indígenas que por cientos de años estuvieron abandonadas, semienterradas unas y a la intemperie otras, entre el bosque de la isla Zapatera, que fue considerada por los indígenas como su santuario, donde celebraban ritos a sus dioses y ofrecían sacrificios humanos para pedirles favores, según explica Guiselle Maldonado Castillo, guía de este centro cultural.

Este conjunto de ídolos elaborados en piedra volcánica es lo único que queda de los más de 300 dioses que se supone existieron en la isla mayor, Zapatera, y las vecinas islas El Muerto y Marota, porque la mayoría fueron destruidos por los conquistadores españoles al introducir el catolicismo en Nicaragua. Otros desaparecieron con el tiempo o fueron sacados del país, y muchos se encuentran en manos de coleccionistas privados, según Maldonado.

“Zapatera fue un santuario para los chorotegas, de allí proviene la mayoría de estos ídolos, que fueron elaborados entre los años 800 y 1,200 después de Cristo y usados en ceremoniales durante los sacrificios humanos, probablemente de niños y doncellas vírgenes, para obtener alguna gracia de sus dioses”, afirma Maldonado Castillo.

Las esculturas precolombinas de Zapatera representan figuras zoo-antropomorfas que tienen mitad animal y mitad humano, con cabeza de jaguar, águilas, tortugas, cocodrilos, serpientes y otros animales a quienes ellos consideraban deidades.

Estas enormes moles talladas por artesanos indígenas durante siglos, estuvieron abandonadas en la isla Zapatera y sus vecinas hasta que en 1849 fueron encontradas por el diplomático norteamericano Ephraim George Squier, quien las dio a conocer.

Treinta y tres años después, en 1882, el investigador sueco Carl Bovallius, fue al mismo lugar que había visitado Squier y redescubrió el tesoro arqueológico de la isla, parte del cual se encuentra hoy en el Museo del Convento de San Francisco.

De aquella estancia en Nicaragua, Bovallius publicó un libro sobre los petroglifos de la isla de Zapatera.

Convento convertido en museo

El Convento de San Francisco tiene su propia historia interesante, pues además de tener 484 años de fundado, ha tenido diferentes usos. Funcionó como monasterio (incendiado varias veces por los piratas), cuartel de filibusteros, universidad, colegio, centro de estudios vocacionales y, por último, museo.

La estructura del convento sufrió varios ataques e incendios que casi le hacen desaparecer, como la vez que Granada fue invadida e incendiada por el pirata inglés Henry Morgan, en 1665, y otra realizada por el pirata Dampiereen, en 1685, y la última, en 1856, cuando el filibustero norteamericano William Walker se toma la ciudad y escoge el Convento de San Francisco para Cuartel General de sus tropas, y que al retirarse ordena incendiar la ciudad y el mismo convento que le sirvió de refugio.

El convento y la iglesia, construida a la par, estaban muy deteriorados, hasta que en 1989 con el apoyo del Museo Histórico de Estocolmo, a través de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional, ASDI, se inició el proceso de reconstrucción de todo el conjunto arquitectónico, que incluyó ambas estructuras coloniales, siendo inaugurado en marzo de 2003 el Centro Cultural Antiguo Convento de San Francisco.

El convento cuenta con ocho salas en las que se exponen las piezas de cerámica, petroglifos, arte sacro, artes visuales, juegos indígenas, exposición fotográfica y otros.

En la Sala 1 se encuentra una exposición del proceso de reconstrucción del edificio, que es administrado por el Estado a través del Instituto Nicaragüense de Cultura y la iglesia San Francisco, que depende directamente de la Diócesis de Granada.

La capilla de San Francisco tiene servicios religiosos los días jueves y sábado. El domingo ofrece solo una misa a las 9:00 am, según un funcionario del museo.

La Sala Arqueológica está dividida en cuatro módulos. En el primero se encuentran los juegos precolombinos, donde destaca el volador, que se usaba en prácticas ceremoniales dedicadas al dios del cacao, en agradecimiento por la buena cosecha.

Después de la recogida de la cosecha, se instalaba un palo de ocho metros de altura en medio de la plaza. Luego, dos niños que representaban al dios, se amarraban a la cintura de un mecate y se lanzaban. La cuerda, a medida que giraban los niños, iba bajando hasta llegar a la tierra.

El otro juego se llamaba “comelagatoazte”, que era una competencia física entre jóvenes de ambos sexos, para divertirse y medir habilidades físicas. Aquí se colocaban encima de una especie de columpio que giraba, y perdía el que se caía.

La siguiente Sala es la de la Cerámica, donde se encuentran piezas de más de 2,500 años, como las que representan el período tempisque, que fue la primera de uso doméstico utilizada para elaborar o procesar comida o guardar líquidos como las ollas. Aquí mismo hay incensarios de uso ceremonial y urnas fúnebres de barro, de fechas similares.

También hay muestras de cerámica del período Sapoá, en las que se nota una mayor calidad en los decorados y diseños de las piezas y el uso del color. En la siguiente Sala se encuentra una maqueta de la ciudad de Granada, donde se puede notar la evolución histórica de esta, la que fue elaborada por estudiantes de Arquitectura del IES-UNI.

Luego se accede a la Sala de la Estatuaria, formada por dos hileras de ídolos ubicados de frente. Esta es la parte relevante del museo, el cual recibe más de 30 mil visitas al año, según indicó Maldonado.

En una de las salas que forman el claustro alrededor del patio cubierto de palmeras, se encuentra la exposición de grabados históricos de la Granada colonial, que ilustran cómo era ‘La Gran Sultana’ durante el dominio español, y estampas de la Guerra Nacional, con William Walker como protagonista.

Ligia Morales Suárez, directora del Centro Cultural, dijo que en este centro se promueve la lectura de mitos y leyendas tradicionales, así como de juegos tradicionales perdidos, y se dan clases de dibujo. Además, se brindan charlas sobre el patrimonio cultural de Nicaragua.

La directora también detalló que en este centro se realizan ciclos de cine con el apoyo de embajadas extranjeras, presentaciones culturales, exposiciones de cerámica y de artes plásticas. También se rentan locales para actividades de instituciones, congresos, seminarios, talleres y otros eventos culturales.

El convento tiene abierta al público una pequeña tienda de “souvenirs” donde se ofrecen CD, libros, postales, artesanías y otros productos elaborados en Nicaragua.







Convento San Francisco

El convento fue fundado por fray Benavente Motilina, en 1529, bajo el título de Convento de la Inmaculada Concepción. Es en la actualidad, con el templo anexo, una de las construcciones más antiguas de esa ciudad.

Sin embargo, se debe aclarar que lo único que se conserva intacto de la época colonial, es el atrio, las gradas y los muros exteriores, porque las otras partes fueron reconstruidas totalmente después de los constantes incendios ocurridos durante las luchas armadas a que fue sometida la ciudad de Granada.



Horario

El Centro Cultural Antiguo Convento de San Francisco, de Granada, atiende al público de lunes a viernes, de 8:00 am a 5:00 pm, y los sábados y domingos en horario de 9:00 am a 4:00 pm.



Cómo llegar

De la Universidad Centroamericana, UCA, salen los microbuses expresos rumbo a Granada; el costo del pasaje es de C$24 ida, igual el regreso. También salen del Mercado ‘Roberto Huembes’. En Granada, se llega al convento caminando una cuadra al norte de la Catedral y luego una cuadra al este.

El Nuevo Diario

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Comentarios

1 comentarios:

Anónimo dijo...

La historia es muy bonita. Viva Nicaragua